Martedì 2 giugno 2009 si è svolto nella Residenza d'Italia il ricevimento per la Festa Nazionale italiana.
La Festa della Repubblica si celebra ogni 2 giugno per commemorare il Referendum istituzionale indetto a suffragio universale il 2 e 3 giugno 1946, con il quale gli italiani vennero chiamati a decidere quale forma di Governo dare al Paese.
In questa occasione l'Ambasciatore d'Italia Silvio Mignano ha pronunciato un discorso diretto ai connazionali e ai cittadini boliviani presenti al ricevimento.
DISCORSO DI S.E. L'AMBASCIATORE SILVIO MIGNANO
Excelentísimo ex Presidente Constitucional de la República de Bolivia Jaime Paz Zamora,
Excelentísimo ex Presidente Constitucional de la República de Bolivia Carlos Mesa,
Excelentísimo Señor Ministro de Presidencia y Canciller interino del Estado Plurinacional de Bolivia Juan Ramón Quintana,
Excelentísimo Señor Ministro de Defensa del Estado Plurinacional de Bolivia Walker San Miguel,
Excelentísimo Señor Ministro de Planificación y Desarrollo del Estado Plurinacional de Bolivia Noel Aguirre,
Excelentísimo Señor Ministro del Trabajo del Estado Plurinacional de Bolivia, Calixto Chipana Callisaya,
Honorable Senador Tito Hoz de Vila,
Comandante en Jefe Almirante José Luís Cabas,
Defensora del Pueblo, Licenciada Rielma Mencias,
Señor Jefe de Ceremonial del Estado y Protocolo, Embajador Fernando Huanacuni
Autoridades nacionales, departamentales, locales, originarias, eclesiásticas y militares,
Excelentísimo Señor Nuncio, querido decano, y Excelentísimos colegas Embajadores y miembros del cuerpo diplomático y consular y de las organizaciones y agencias internacionales,
Señores Cónsules Honorarios italianos y personal de la Embajada y de la cooperación italiana en Bolivia,
Presidentes e integrantes de los Círculos Italianos, Sociedades Dante Alighieri, Cámara de Comercio Italo-Boliviana, Escuelas italianas,
Especialmente, muchachas y muchachos del colegio fiscal italo-boliviano Cristoforo Colombo,
Queridos misioneros, religiosos, voluntarios, representantes de las ongs italianas, empresarios italianos,
Cari connazionali,
Damas y caballeros:
Mi esposa Dania, mis hijos, si bien en este momento en Italia, y yo les damos la más cordial y cariñosa bienvenida al día nacional de Italia.
«Signori imperadori, re e duci e tutte altre genti che volete sapere le diverse generazioni delle genti e le diversità delle regioni del mondo, leggete questo libro dove le troverrete tutte le grandissime maraviglie e gran diversitadi delle genti».
Son palabras del Millón de Marco Polo, escrito en 1298: «Señores emperadores, reyes y ducas y todas otras gentes que quieren conocer las diferentes generaciones de las gentes y la diversidades de la regiones del mundo, lean este libro donde encontrarán todas las grandísimas maravillas y las grandes diversidades de las gentes».
El viaje ha sido el destino de los italianos desde el inicio de nuestra plurimilenaria existencia: está marcado simbólicamente por esa gran y dramática migración que, según la Eneida de Virgilio, cumplieron Eneas y los otros troyanos huyendo de la derrota contra los ejércitos griegos, hasta alcanzar las costas de Gaeta, en la Italia central, donde sus nietos fundaron la ciudad de Roma:
«Arma virumque cano, Troiae qui primus ab oris
Italiam, fato profugus, Laviniaque venit
Litura»,
«Canto las armas y el hombre que primero a las orillas
de Italia y de Lavinia, prófugo por el fato, llegó».
El viaje, desde este momento, ha sido para los italianos factor de sobrevivencia, pero a la vez de enriquecimiento, de fusión con otros pueblos y culturas – «le gran diversitadi delle genti» de Marco Polo – metáfora del conocimiento, que derrumba todo prejuicio y permite al ser humano alcanzar nuevas metas materiales y espirituales. Así lo hizo el genovés Cristoforo Colombo, quien pensó con la inteligencia y soñó con el corazón un nuevo mundo tras el océano occidental; así lo hizo el florentino Amerigo Vespucci, quien dio su nombre a ese continente; así lo hicieron los hermanos Caboto, primeros en explorar el interior de Norteamérica, hasta la bahía del Hudson, y el joven y desafortunado Luigi Balzan, en el siglo XIX en la Amazonía boliviana.
Así, y sobre todo, lo hicieron esos millones de anónimos, humildes y extraordinarios viajeros que migraron desde mi país a partir de la segunda mitad del Ochocientos, dirigiéndose, en busca de una mejor suerte, a Suiza, Alemania, Bélgica, Australia, Estados Unidos, y por supuesto a la América del Sur y a estas tierras bolivianas. Ellos huyeron de la pobreza y trabajaron por su bienestar y el de sus familias, pero dieron una contribución formidable al desarrollo social, económico y cultural de los países que los acogieron: de ellos, de ese silencioso y pacífico ejército de los italianos en el mundo, estamos y nos debemos sentir gratos y orgullosos. Nuestro agradecimiento y nuestra admiración para ustedes, comunidad italiana de Bolivia.
En Bolivia los nombres de algunos de esos italianos resuenan con claridad, como los primeros constructores del puente que idealmente cruza los Andes, la foresta, el océano y llega a nuestras orillas, a nuestros Appennini y nuestros Alpes: los jesuitas Domenico Zipoli y Giovanni Bassano, fundadores de la escuela de la música barroca de las misiones en Chiquitanía; el franciscano Ludovico Bertonio, autor del primer diccionario aymara; Bernardo Bitti, el primer maestro de la pintura del barroco mestizo en Bolivia; el compositor romano Benedetto Vincenti, cuyas notas sagradas del himno nacional acabamos de escuchar; el señor Figliozzi, que primero llenó los empedrados de La Paz con la fragancia de la marraqueta, que luego se difundió en las calles de todo el país; los Gismondi, que abrieron en esta ciudad el primer estudio fotógrafico; el arquitecto Cambiasso, que diseñó los conventos de Santa Teresa en Cochabamba y de San Francisco en Sucre; los queridos compatriotas profesores Gnarra y Perotto, grandes educadores y fundadores de escuelas; amigos que hemos recién perdido, como Moris Bertozzi y Victor Aloisio, quienes trabajaron intensamente para la solidaridad y el desarrollo social y económico de Bolivia.
Metáfora del conocimiento y entonces de la inteligencia y de la creatividad, esto es el viaje de los italianos en el mundo y a través de los siglos.
Hace exactamente cuatrocientos años, en 1609, uno de los hijos más ilustres de nuestra tierra, Galileo Galilei, exploró, primero en la historia, el cosmos a través del telescopio, del cual fue el inventor:
«E 'l volgersi al gran libro della natura, che è 'l proprio oggetto della filosofia, è il modo per alzar gli occhi», escribió el gran científico en su Diálogo sobre los máximos sistemas: «Y dirigirse al gran libro de la naturaleza, que es el objeto propio de la filosofía, es la manera de levantar nuestra mirada».
Annus galileianus ha sido internacionalmente declarado este 2009, celebrando la inteligencia que derrumba miedos irracionales y supersticiones antiguas, llevando adelante la búsqueda infinita que empujó el poeta latino Lucrecio a escribir De rerum natura, la naturaleza de las cosas, y los filósofos san Agustín, san Tomás de Aquino, Pico della Mirandola, Marsilio Ficino a explorar, a viajar en la mente del hombre y transferir a éste al centro del universo, conectando la difícil pero fecunda Edad Media al Humanismo – el hombre es medida de todas las cosas – y al Renacimiento, y Leonardo da Vinci a perfeccionar este concepto, el del Homo Vitruvianos que mide con sus artos la geometría de la creación, y a viajar en todos los ámbitos de la inteligencia, y Giordano Bruno a pensar una infinidad de mundos, y Galileo, justamente, a explorarlos, y luego Cesare Beccaria, otro hijo prestigioso de nuestro pueblo, a escribir ya en el siglo XVIII el primer libro contra la pena de muerte, para que este hombre, centro del universo, fuese respetado en su integridad física y moral: creando las fundaciones de la vocación abolicionista de Italia, país que empujó, el año pasado, la aprobación de la deliberación de la Asamblea General de Naciones Unidas para la moratoria de las ejecuciones. Somos viajeros pacíficos, que prefieren la humildad de la migración y de la integración a la violencia y a la fuerza: somos viajeros del corazón, de ese amor que fue cantado como nadie por Catullo, en latín, y por Francesco Petrarca, en italiano: «amor ch’ a’ suoi le piante e i cori impenna»; que permitió a Lorenzo da Ponte escribir palabras inigualables para la música de Mozart, imponiendo el italiano como idioma de la opera, y a Giacomo Puccini componer historias tan intensas que las voces de miles de tenores, hasta llegar a aquella generosa e irrepetible de Luciano Pavarotti, pudieron sacudir corazones y almas de millones de oyentes en los cinco continentes: «E non ho amato mai tanto la vita». Ese idioma tan dulce, de paz y de amor, el italiano, que el padre Dante utilizó para describir como ningún otro el amor humano – «amor, che nullo amato amar perdona» – y el amor divino: «l’amor, que move il sole e l’altre stelle».
Ese viaje que une y no divide está hoy en día simbolizado por la exposición que pueden admirar en los jardines de la residencia de Italia: obras de Gastón Ugalde, uno de los más reconocidos artistas contemporáneos bolivianos, dedicadas a La Paz – otro viaje: «Yendo y viniendo a La Paz II» – Ugalde, quien representará Bolivia en la prestigiosísima Bienal de Venecia, otro puente entre nuestras culturas – uno más de los fascinantes puentes sobre los canales de Venecia, la misma Venecia de donde inició el viaje de Marco Polo. Y dentro de dos días, el 4 de junio, el fotógrafo italiano Graziano Bartolini, en el marco a la vez de la segunda semana de la cultura italiana y del Bicentenario de La Paz, capital iberoamericana de la cultura, inaugurará en el museo del convento de San Francisco una exposición sobre la familia de los Antonelli, arquitectos renacentistas italianos que edificaron todas las obras de defensas, castillos, morros, fortalezas, de la corona española en el siglo XVI en la península ibérica, en África del Norte, Caribe, América Central y del Sur: y aquí los puentes realmente abundan, un fotógrafo italiano que contribuye a las actividades del Bicentenario, una familia italiana que trabaja para España, arquitectura italiana en América Latina, y el convento de San Francisco: San Francisco de Asís, el patrono nacional italiano, el santo de la humildad, del amor y de los pobres, y un museo, el del convento, restaurado por la cooperación italiana.
Es el mismo espíritu que nos ha llevado en las últimas semanas a firmar los contratos de la presa de Misicuni y de la carretera Toledo-Ancaravi, con un financiamiento italiano de aproximadamente 60 millones de dólares; que nos hace trabajar diariamente para la tutela de los niños y adolescentes en El Alto y para la salud y la creación de lazos interculturales en Potosí; que mueve voluntarias, voluntarios, funcionarios y ongs a dar y recibir cada día en el mutuo intercambio de la cooperación, y empresarios y compañías a invertir en el país.
Lo que nos une es infinitamente más que lo que nos divide; nuestras semejanzas son más evidentes y profundas que nuestras diferencias. Somos personas, mujeres y hombres que trabajan juntos cada día para el progreso de la humanidad, en Italia, en Europa, en Bolivia, en el mundo. Así tenemos que concebir las relaciones entre nuestros pueblos y nuestros países, así debemos pensar la relación entre ciudadanos y poderes dentro de cada uno de nuestros países: diálogo, colaboración, confronto a veces incluso fuerte pero siempre respetuoso, pacífico y constructivo.
«C'è bisogno, come ho detto e non mi stanco di ripetere, di più coesione nel paese dinanzi alla crisi ed alle tensioni che scuotono il mondo», ha dicho hoy dirigiéndose a los italianos nuestro Presidente de la República Giorgio Napolitano: «Necesitamos, como dije y como nunca me canso de repetir, más cohesión en el país frente a la crisis y a las tensiones que sacuden el mundo». Y más: «L'Italia si è ritrovata unita a celebrare il 25 aprile, giorno della liberazione dal nazifascismo, del ritorno alla pace, alla libertà e all'indipendenza, e nel rendere omaggio alle vittime del terrorismo, delle stragi, della violenza politica di ogni colore; nel ricordare con gratitudine gli eroici magistrati ed appartenenti alle forze di polizia caduti nella lotta contro la mafia. Sono segni di unità del Paese attorno a valori di democrazia e di solidarietà propri della nostra Costituzione; segni di unità tanto più importanti quanto più sono aspre le contrapposizioni politiche ed istituzionali, soprattutto in periodo elettorale».
«Italia se encontró unida celebrando el 25 de abril, día de la liberación del nazifascismo, del regreso a la paz, a la libertad y a la independencia, y rindiendo homenaje a las víctimas del terrorismo, de los estragos, de la violencia política de todo color; recordando con gratitud a los heroicos magistrados y miembros de las fuerzas de policías caídos en la lucha contra la mafia. Son señales de unidad del País junto a valores de democracia y solidaridad propios de nuestra Constitución; señales de unidad aun más importantes siendo ásperas las contraposiciones políticas e institucionales, sobre todo en este periodo electoral».
Una conmovedora cohesión y unidad interna e internacional hemos podido atestiguar en ocasión del terremoto que ha sacudido la región de Abruzzo, destruyendo un patrimonio histórico y artístico de la humanidad, la ciudad de L’Aquila, y provocando lutos y daños inmensos: pero también demostrando como los italianos sepan reunirse y trabajar juntos, como el mundo sepa transmitir solidaridad y ayuda.
El más grande poeta del romanticismo italiano, Giacomo Leopardi, lo expresó con altas palabras en su canto a la Ginestra, la retama o la flor del desierto, invitando los hombres a poner a un lado sus divisiones y juntarse contra toda adversidad:
Costei chiama inimica; e incontro a questa
congiunta esser pensando,
siccome è il vero, ed ordinata in pria
l'umana compagnia,
tutti fra sé confederati estima
gli uomini, e tutti abbraccia
con vero amor.
A ésa llama enemiga; y contra ella,
creyendo que está coaligada
como es verdad, y ordenada desde siempre
la compañía humana,
confederados cree a los hombres
todos, y todos abraza
con verdadero amor.
¡Qué viva Bolivia!
¡Qué viva la Unión Europea!
¡Qué viva Italia!

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